jueves, 6 de agosto de 2009

Charly García: "Tengo la misma furia y la misma pasión que antes"


Entrevista completa, por Mariano del Mazo. Fuente:Clarin

Cinco tazas de té, ocho Camel, treinta canciones. La sala de ensayo queda a metros de la estación de subte Tronador, corazón de Villa Urquiza, y pese a un módico desfile de gente motivada por la curiosidad, el control de la situación o el más rutinario trabajo, el clima no deja de ser intimista. Sentado en un sillón, frente a un piano Roland RD 700, Charly parece un rubicundo cuáquero concentrado en su música, en la contundencia de sus viejas canciones.

No hay pausa: el ensayo es intenso. Charly prologa cada tema con una palabra guía que no llega a ser imperativa. Ahora dice "Llorando". Largan los acordes bluseros de Llorando en el espejo y la banda se enciende: en un plano, el trío chileno que viene acompañando a Charly desde hace años (Kiuge Hayashida en guitarra, Toño Silva Peña en batería y Carlos González en bajo); en otro, una postal del pop argentino de los '80: Hilda Lizarazu en coros, Zorrito Quintiero en teclados y el Negro García López en guitarra. La versión es rotunda; el tema, tristísimo, un lamento cocainómano que en la voz actual de Charly se resignifica: La línea blanca se terminó / No hay señales en tus ojos / Y estoy llorando en el espejo / Lo puedo ver: a un hábil jugador, trascendental actor / en busca de aquel papel / que justifique con la acción toda fantasía....

Después, el músico dirá a Clarín: "Es increíble lo que me pasa cuando toco las canciones viejas. Todo está ahí. Es como si hubiera diseñado mi vida. Muchas tienen un carácter... profético".



Parece que no se cumple "Cuando ya me empiece a quedar solo"...

Parece que no.

El ex secretario de Cultura Darío Lopérfido escucha en un costado: es el responsable de la campaña de marketing que comenzó el domingo con una publicidad con un unívoco mensaje: "Vuelve el más grande". "Me inspiré en uno de los regresos de Muhamad Alí", dice. Una cámara registra el ensayo y un operador graba hasta el último suspiro, hasta el "¡bien, eh!" que musita Charly después de la versión de Canción de 2 x 3. Fernando Szereszevsky, manager del músico, es un centinela atento a todo. Por ahí anda Pichón Baldinú, capo de De la Guarda, contratado para hacer la puesta del regreso. "El más grande" vuelve con dos conciertos: 23 de septiembre en Lima y 26 en Santiago de Chile. Mientras trata de cerrar otras actuaciones en América latina, Szereszevsky confirma un show en Vélez para el 23 de octubre, día en que Charly cumplirá 58.

El ensayo sigue. Pasan temas del período más brillante del García solista, ese comprendido entre los discos Yendo de la cama al living y Parte de la religión. Cada uno tiene alguna frase que ahora retumba con un eco diferente: Buscando un símbolo de paz (¡será porque nos queremos sentir bien!), Ojos de videotape (... espero resucitar), Rap del exilio (yo tenía tres libros y una foto del Che / ahora tengo mil años y muy poco que hacer).

La antología sigue: No te animás a despegar, De mí, Cerca de la revolución... El trío chileno forma una pared imponente como la Cordillera; Hilda es el detalle femenino, la entonación, el histrionismo de un rostro de clown; García López se hace cargo de los riffs y los solos; Quintiero maneja teclas y sonidos pregrabados, algunos de ellos, masters de los discos originales. "La batería electrónica de No soy un extraño es la misma que se usó en la concepción de Clics modernos, en Nueva York, hace más de 25 años. La idea fue rescatar aquellos arreglos", dice el Zorrito. Hilda se acerca: "Estuve con Charly entre el 87 y el 93, y esto es como volver a vivir ".

García López rompe una cuerda y el imprevisto deriva en un recreo improvisado. Hilda toma Coca Cola, el Zorrito muerde una factura y Clarín encara a Charly. Se lo ve sereno. La serenidad tiene que ver seguramente con algún puré de medicamentos que contempla el tratamiento terapéutico; pero a su vez se advierte cierta luminosidad, cierto regreso a aquel Charly un tanto tímido que en la época de La Máquina de Hacer Pájaros, en entrevistas con El Expreso Imaginario por caso, desplegaba conocimientos de cine y literatura. En las antípodas de aquel temerario anfitrión de Coronel Díaz y Santa Fe, esa mezcla de Quijote y Mefisto que atendía en el catre bañado en whisky, tabaco, cocaína, pintura en aerosol y vinilos, a Charly se lo ve lúcido y frágil al mismo tiempo.



¿Cómo tomás todo esto, cómo un regreso o un renacimiento?

No sé. La vida tiene altos y bajos, y yo estuve muchas veces arriba y abajo. Este es un momento muy importante: soy el mismo y soy diferente.



¿En qué sentido?

Tengo la misma furia y la misma pasión que antes, pero ahora escucho más. Yo no me escuchaba a mí y no escuchaba a nadie. Después de lo que pasé me puse las pilas y acá estoy.



¿Sospechabas que había gente cercana que te quería tanto?

Siempre supe que tenía gente alrededor que me quería. Pero no era justamente la gente que yo pensaba.



Escuchando los temas que están ensayando, resulta revelador cómo diseñaste tu vida a través de las canciones...

Está todo, ¿no? En el fondo soy músico, pero tengo la debilidad de hacer canciones. Las últimas épocas pueden parecer relocas, pero yo seguía haciendo buenas canciones. Ahora el extra es que las voy a interpretar de una forma casi perfecta. Hoy justo me desperté con un poco de gripe, pero creo que en general estoy cantando bien. Estoy focalizado en cantar e interpretar bien. Y en rescatar minuciosamente arreglos originales.



Desde este presente, ¿cómo ves aquel período que vos definías "constant concept" o "say no more"?

Sigue, pero bien. Sigue lo bueno.

¿No te habías alejado precisamente del "concepto canción"?

Puede ser... Pero pensá que una canción de Keith Jarrett puede durar un long play. A mí me gustan las canciones con diferentes partes, con diferentes ritmos, como Rock and roll yo o El amor espera. La última canción que escribí es canción-canción. Deberías saber por qué... ¿La escuchaste?



Sí, acá, en el ensayo. Muy buena y muy adhesiva. Parece de Sui Generis.

Estoy muy contento con esa canción. Creo que es una de las mejores que hice.

Deberías saber por qué es una balada de medio tiempo condenada a la difusión radial. La acentuación de la "i" del "deberías saber por qué" se pega como el mejor de los chicles. Mañana a las 12 se pasará el tema "en cadena nacional rock" -como dice el aviso craneado por Lopérfido- en una buena cantidad de radios locales, latinoamericanas y españolas. El clip de Deberías saber por qué lo dirigirá Sebastián Ortega, con la participación de Andrea Bonelli y Luis Ziembrowski.

A las 20 en punto termina el ensayo formal, pero sigue la música. La banda improvisa sobre All my Love de Led Zeppelin y zapa con Ojos de videotape y Viernes 3 A.M.. Las letras más oscuras desentonan de este presente. Charly hoy vive en Palermo Chico, sigue una riguroso rutina de cinta, terapias variadas y kinesiología ("en un instituto hago cosas con mi cerebro", dice) y se manifiesta totalmente enamorado de Mecha Iñigo, la intolerablemente hermosa VJ de MTV.



Dejaste Luján... ¿Estás contento de estar en la ciudad de nuevo?

Sí, sobre todo por el frío. En Luján es terrible. Le estoy eternamente agradecido a Palito. Pete Townshend salvó a su amigo Eric Clapton de la heroína. A mí me rescató Palito Ortega.



¿Tenés fresco tu pasado? ¿Cómo ves ahora a aquél que se tiró de un noveno piso?

Mirá, estoy orgulloso de todo lo que hice. Y sé que voy a dar mucho más.



¿El futuro cómo te lo imaginás?

Quizás, quién te dice... Me veo casado y con hijos.

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